viernes 31 de julio de 2009

Sinrazones

El otro día, mientras daba vueltas en mi cabeza al concepto de la sinrazón, me topé con una noticia de última hora en un periódico on line: el asesinato, por parte de la banda terrorista ETA, de dos jóvenes guardias civiles en Palmanova, Palma de Mallorca.
Fue entonces cuando me sorprendí de lo acertado y escalofriante de mis pensamientos. Y es que, ¿hay algo que refleje mejor la sinrazón en sí misma que los actos terroristas?
Actos que no se fundamentan en nada, y que no tienen ningún fin realista más allá del utópico. Porque, seamos sinceros de una vez, en el mundo que vivimos, la autodeterminación del País Vasco es, hasta para los mismos vascos independentistas, una utopía. ¿Acaso un país tan pequeño podría sobrevivir AISLADAMENTE en un complejo entramado de relaciones internacionales como el que tenemos hoy en día? No, evidentemente no. Seguramente los partidarios de esa independencia apelarían al ejemplo de Andorra, ejemplo no válido, ya que se trata de un país tutelado, y el País Vasco, en caso de independizarse, no querría esa tutela, pues no la contempla la autodeterminación en sí misma, ¿no? Si se independizan, háganlo bien.
Al margen de esta realidad que los seguidores de la utopía parecen ignorar, centrémonos en determinadas acciones que los grupos más radicales llevan a cabo para, creen ellos, conseguirlo: actos terroristas. Es casi irónico que ni ellos mismos se percaten de que, por esa vía, pierden cualquier gota de racionalidad, credibilidad y sensatez que su propuesta pudiera tener.
Y es que, en mi opinión, una gran parte de la sociedad no se opone a la libre autodeterminación de los pueblos, pero siempre siguiendo las vías democráticas previamente pactadas. En el momento en que ese camino no se sigue, se negará toda palabra a quienes con actos salvajes y crueles intenten conseguir sus fines. Están fuera de la sociedad.
Por estos motivos, los asesinatos que esta banda comete se convierten en crímenes sin justificación, sin ningún motivo aparente y sin un fin concreto que conseguir. Por ello se cae en la absurdez. Matar por matar. Verter sangre por el mero placer de verla correr.
Siempre me he considerado una persona que ha visto positivo que la gente luche por sus ideales, que los eleve a su máximo exponente y dé todo de sí misma/o para conseguirlos. Pero claro, no de esta manera. De esta forma se pierde legitimidad, ya nadie te tendrá en cuenta, pues vas contra todos los principios nobles de los propios fines que persigues. Siempre he creído que la juventud es la que puede mover el mundo con solo mantenerse unida, con creer en un fin y hacer todo lo posible para que se cumpla, pero, cuando veo actos como el de ayer, no puedo evitar que se me erice el vello y piense "¿De verdad hay gente tan fanática en el mundo? ¿De verdad hay gente con el egoísmo tal de anteponer una meta inalcanzable a la vida de cientos de personas?". No alcanzo a comprenderlo. Cuando veo esto, mis ganas de luchar, los sentimientos más nobles que pudiera albergar y quisiera conseguir, se achantan, y tienen miedo. Si luchar por lo que crees es hacerlo así, creo que no lucharé más. ¿Son esos los valores que quieren transmitir?
Como último punto, aportaré un dato: desde que nací, he crecido con atentados, asesinatos y ataques de esta banda terrorista. Y aún sigo sin comprenderlo. Pero aún así, y en contra de todo pronóstico, nadie me arrebatará la idea de que todos los seres humanos somos almas libres y de que ninguno, por medio de la violencia, podrá quitarle la libertad individual a otro, ni prevalecer sobre él.
Y sigo pensando, ¿de verdad esta gente es capaz de dormir por las noches?

jueves 23 de abril de 2009

Toc, toc. Llaman a mi puerta, y esta vez no eres tú. Corro a abrir, esperando ver una cara amiga o conocida en el umbral, pero no es así. No hay sonrisas y saludos esta vez, el destino ha venido a buscarme, y no me llamó antes para avisar.
Mientras se sienta en el otro extremo del sofá, retuerzo mis manos y lo miro recelosa. Una curiosa sensación de inquietud se adueña de mi cuerpo. Entonces se sellan mis labios, y mi mente comienza a divagar. Tiempo. Pasado. Presente. Futuro…
Antes era más fácil pensar en futuro, cuando nos quedaba tanto por hacer y nada estaba definido. Ahora, muchas de las cosas que soñábamos anteayer se han perfilado, creando una senda visible en el polvo del camino. Y ocurrió que mi camino no se juntó con el de tantas personas que lo han ido conformando. Mi camino es mío y eso, en ocasiones, asusta. Antes bastaba con escribir en un papel cuál era tu problema, y cuatro tintas contestaban, ofreciéndote consejos y apoyo. Unas galletas solucionaban cualquier pena en un limitado espacio de recreo, y ahora apenas nos sirven un par de cubatas y una noche de olvido.
A pesar de todo, me cansé de reflexionar sobre el tiempo que pasa. Es sencillo dejarte llevar por la melancolía para descubrir que ya no eres la misma persona, al igual que no lo son quienes conformaban tu mundo. Es sencillo pensar en cuánto has evolucionado, o en cuánto han cambiado las circunstancias que te rodean. Sin embargo, no es tan fácil reflexionar sobre aquello que te queda por vivir, sobre cuál es tu siguiente paso a seguir, sobre qué nueva silueta dibujará tu camino escrito en el polvo. Ese es el gran miedo del futuro. La incertidumbre, la separación, la ausencia, lo desconocido…Nadie me llamará por teléfono para pasar a verme cuando esté a 10.000 kilómetros de esta ciudad. No resonarán las risas en mis oídos hasta altas horas de la madrugada cuando un país tan grande nos separe. No sonará el teléfono, ni una voz amiga se escuchará al otro lado. Son los inconvenientes de las elecciones, que muchas veces separan, y dan vértigo.
Pero, aunque den vértigo, aquí estoy, con el destino sentado en mi sofá, mientras mira por la ventana la lluvia caer. Yo alzo la mirada y busco la suya. Quiero decirle que he aceptado las condiciones, y que lo haré a pesar de todo. Hace tiempo que comprendí que la vida es un conjunto de modificaciones de nuestras propias situaciones. Hace tiempo que comprendí que las circunstancias vienen y cambian, que pocas veces se quedan demasiado tiempo. Es eso, precisamente, lo que nos hace apreciarlas. También aprendí que puede que las cosas hayan cambiado cuando vuelva. Que puede que yo no sea la misma, o que la ciudad que dejé atrás se haya vuelto hostil. Puede que las caras conocidas me hayan olvidado, o que mis lugares favoritos hayan cambiado de posición. Sin embargo, sigo pensando que quiero hacerlo. Quiero comprobar quién es la que está haciendo estas divagaciones, quiero saber qué me puede ofrecer el resto de senda que ahora mismo oculta el polvo.
Y me miras. Tus ojos son profundos, y parecen cansados. No debe ser sencillo trazar los caminos de más de 6.000 millones de personas. ¿Sabes que ya no te veo con los mismos ojos? Creo que hasta me pareces más guapo, y menos frío. Tal vez hayas venido a avisarme de que me espera algo grande. O tal vez hayas venido a avisarme de mi muerte. Sin embargo, ¿por qué temerte ahora? ¡Uy! Debes de estar cansado, perdona mi mala educación. ¿Quieres un café?

jueves 26 de febrero de 2009

Disparo certero

Venga, coge mi mano y dime que todo es un desastre. No hace falta que me des más excusas, todas me las conozco. Sólo tienes que decirme que no quieres volver a verme, y después envíame una carta desde China con amor. Sabes de sobra que mi orgullo de leona herida me obligará a actuar exactamente igual que tú, y que mis cicatrices de yegua desbocada me impedirán elegir el camino correcto, dejando tras de mí una estela de árboles caídos e historias desgastadas. A veces me pregunto si fui yo quien dio sentido a la definición de corazones rotos. Y no me preguntes si alguna vez han roto el mío, porque creo que nunca se han llegado a pegar sus pequeños trozos. Tampoco creo que nadie nunca encuentre el superglue que me devuelva la calma, que termine con este frío que se cuela entre las grietas.
A veces mis oídos chirrían con palabras dulces de amor, mientras mi corazón desciende varios grados centígrados. Mi cabeza me pregunta en qué momento me volví tan fría, y mi cuerpo se retuerce en un estremecimiento de pánico y horror. A pesar de todo, las lágrimas inundan mi rostro cuando estoy a solas, y mi cuerpo se desgarra por dentro. No puedo evitar que la eterna contradicción y las dudas se apoderen de mí y no me dejen ser feliz. En mi cabeza resuenan una y otra vez las palabras malditas, un eco siniestro que se cuela en mi interior durante las noches más oscuras, repitiéndome, una y otra vez, si seré capaz algún día de sentir como sienten en las películas de amor. Las voces me preguntan si de verdad el alma que calme mi inquietud existirá. No dejan de preguntarme por qué no soy capaz de corresponder como realmente se merece a quien está a mi lado, aún sabiendo que siento amor por él. La eterna contradicción que reside en mí, que a ojos ajenos me hace parecer impenetrable, distante, amante del despiste y fría, es la misma que perturba mi sueño, que aumenta mis nervios e intranquiliza mi alma.
Sí, ahora dime que cómo puedo ser así, que ojalá no me vuelvas a ver, y también te entenderé. La permanencia no está hecha para esta alma desgastada. Solo soy culpable de seguir siempre a mis instintos, de vivir esclava de mis impulsos. Me queda la esperanza de que ellos algún día me permitan quedarme quieta, o que decidan dejarme anclada. Si una estrella de rock persigue siempre su sueño, elevándolo por encima de todo y siguiéndolo hasta el fin, esta eterna soñadora perseguirá siempre sus metas, viviendo ajena en ese limbo paralelo, construido a base de ilusiones, intenciones y pasión, y moldeado a base de experiencias, anhelos y frustración. Metas que poco a poco, con el paso del tiempo, van cambiando, consiguiéndose o difuminándose en un interminable ocaso que disuelve poco a poco el paisaje de esperanza, envolviéndolo todo con un tono carmesí.

martes 16 de septiembre de 2008

Historias que ya no dicen nada

Entonas los salmos que repites cada día anodinamente en el mismo vagón, escupes tus palabras mientras cientos de rostros asisten impasibles a tu pérdida de dignidad. Recitas las mismas súplicas que salieron de tu boca ayer, sin ninguna emoción, sin ningún valor, porque la compasión humana cede cuanto más acostumbrados están los ojos a ver el mismo circo. Te arrastras entre la gente reflejando en tu rostro tantas y tantas historias, todas iguales, todas parecidas, que se cuelan en mi cerebro como si de una película más de gánsters se tratara. Me siento como una puta para la que el amor ya no significa nada, como el asesino a sueldo para el que una vida no tiene más valor que lo que cuesta una bala. Miles de ciudadanos sin nombre se convierten en putas baratas de un barrio rojo cuando asisten impasibles al sufrimiento de tantas almas, miles de personas sin nombre se venden cada día frente a una caja que no dice más que mentiras, mientras intentan ignorar que, a pocos metros de su portal, la tragedia se palpa en cada esquina. Madrid sigue haciéndonos creer que no pasa nada, sigue queriendo que vivamos estancados en el mismo pasado de movida y rock ‘n roll, a sabiendas de que nuestros embotados cerebros de sociedad capitalista y moderna accederán a sus más ocultos deseos.
Pero no importa dejarse llevar mientras la felicidad momentánea se pueda seguir comprando, mientras nos escudemos en una verdad que sólo es consistente fuera de los muros de nuestras casas, mientras sigamos empeñados en construir una realidad que es completamente falsa, en definitiva, mientras sigamos siendo conscientes de nuestra propia inconsciencia, la que nos hace infelices mientras fingimos ser felices.

Y ahora rozas tu hombro con el mío, y me aparto como si temiese que algo malo pudiera ocurrirme, tal vez en un intento patético por esconder la culpa que aflora en mi rostro, y que intento disimular tras las páginas en blanco de un libro que no cuenta nada. Es lamentable sentir cómo el orgullo cae a tus pies, como, a cada paso que das, vas pisoteando el pequeño resquicio de dignidad humana que quedaba dentro de miles de personas. Y es que el metro de Madrid ya no está lleno de suciedad y de retrasos, no, ahora está repleto de dignidades perdidas, de lastimeros quejidos y de desgraciadas vidas que se arrastran por el suelo a cada paso que das, que te persiguen hasta que dejas la estación atrás, y que anidan en tu alma y en tu corazón intentando llamar a la puerta de tu culpa, haciendo vanos esfuerzos por echar abajo la pared tras la que escondes la realidad de la que perfectamente eres consciente.


(Historias que se suceden cada día en el metro de Madrid...historias de rostros sin nombre que mr cuentan sin hablar...)

jueves 3 de julio de 2008

Vacaciones...o eso dicen

Pues sí, aquí están las ansiadas y queridas vacaciones, al menos para una gran parte de los españoles, y en especial para los sufridores estudiantes.
¡Qué gran alegría, soy estudiante y ya estoy de "vacaciones"! ¿Por qué pongo vacaciones entrecomillado? Oh, pues por una razón muy sencilla. En este país, se cree (y es una falsa creencia) que por ser estudiante ya tienes asegurado un verano de ensueño, y no es así. Veamos el panorama para ponernos en situación:
Llegan finales de junio cuando, después de haber estado estudiando como un poseso durante todo el mes (en mi caso hasta el sábado día 28, mi último examen), no tienes ánimo ni ganas de nada. Te miras al espejo y ves que tienes unas ojeras que más bien parecen agujeros negros que tu propia piel, estás pálida debido a la falta de luz solar y a un exceso de luz de flexo bibliotecario, has adelgazado, estás exhausta y tienes un flequillo tan largo que te impide ver con claridad. Estás lista para afrontar tu último examen e irte de fiesta, sí señor!
Por fin llega el último examen, tu último esfuerzo...y estás tan dormida esa mañana que prácticamente eres incapaz de acordarte de nada de lo que has estudiado. No importa, piensas, es el último. Allá vas, decidida a rematar la faena. Te dan el examen. ¡Bingo!, no te acuerdas de nada, pero no importa, piensas, es el último. Pasa un rato, y sigues sin acordarte de nada. Miras a tu alrededor, y ves que todo el mundo está igual, lo que te consuela. Vuelves a mirar el examen y decides ponerle todas tus ganas para sacar algo en claro. Llevas hecho la mitad cuando tienes la certeza de que lo estás suspendiendo. No importa, piensas, es el último. Va pasando el rato, hasta que finalmente el profesor borde de turno, aquél que parece molesto por tener que ir un sábado a la universidad mientras cree que tú estás encantada de estar allí, llega y te recoge de malas maneras el examen.
De repente, todos nos miramos y nos abrazamos: la tortura ha finalizado...por ahora. Salimos eufóricos del aula, espantando con todas nuestras fuerzas cualquier pregunta acerca del último y fatídico examen: NO IMPORTA, HEMOS TERMINADO!
Y ahí empieza tu agonía. Fiesta interminable, en la cual te duermes por las esquinas, estás ausente pero te esfuerzas por estar entera, te duelen los pies, las piernas, los brazos, la cabeza, tienes sueño, tienes mala cara...pero nada de eso importa, hemos terminado.
Entonces llega la noche y continúas tu fiesta, refugiándote en el alcohol en un último intento por sacar fuerzas de flaqueza. La noche va pasando lentamente, y te sorprendes a tí mismo aguantando lo inimaginable, la fiesta corre por tus venas...aunque mirándote bien, has adelgazado otro kilo...
Cuando llegas a tu casa, los pájaros cantan y el sol ya asoma por tu ventana, pero no importa, era tu noche, la noche del fin. Te tiendes en la cama y caes en un profundo sueño, nada te afecta ya...y duermes, y duermes, y duermes todo lo que no has dormido en todo el último mes. Y eso haces durante los siguientes tres días, hasta que te dan la nota del último examen: SUSPENSO. Entonces recuerdas las que te han quedado del anterior cuatrimestre, y esta nueva noticia...y piensas...oh no, qué poco falta para Septiembre....!!!!!!!!!
Y piensas en la perspectiva del verano...sí, habrá fiesta, habrá piscina, playa y calor...pero también estudio, y academia, y más estudio, y los exámenes de Septiembre, y volver a adelgazar, y a tener ojeras, y a encerrarte en casa....mientras los niños juegan en los parques, se bañan en las piscinas salpicándote o los trabajadores disfrutan de un auténtico mes SIN HACER NADA.
Ahora es cuando resuenan en mi cabeza las palabras "aprovecha ahora que estás estudiando, si es la mejor vida!".... A veces la ironía me ataca por la espalda.